lunes, 21 de abril de 2014

La Política Económica (2/3)


XII. LA POLÍTICA ECONÓMICA

Segunda Parte

 

EL LIBERALISMO

La obra de Carlos Marx, “El Capital” (tres tomos, el primero de 513 páginas, el segundo con 439 y el tercero con 540 páginas), es ciertamente dura de leer y difícil de entender para un profano a causa de su continua mención a estadísticas de las empresas alemanas e inglesas de su época así como su exceso de notas a pie de página. Pero la obra de Mises (Teoría del dinero y el crédito) pese a tener solo 490 páginas por su estilo de redacción, en ocasiones un tanto pedante, del tipo “Un escritor identifica la teoría metalista con el Currency Principle, y llama teoría cartal a una variedad del antiguo Banking Principle.”, es aún más difícil de entender, cosa curiosa porque su objetivo era desarrollar la teoría del valor del dinero desarrollada por Carl Menger (fundador de la llamada Escuela Austriaca de Economía) en su obra “Principios de Economía Pública” de tan solo 255 páginas.

Por este motivo, se suele mencionar como origen del liberalismo a Friedrich Hayek y como obras de referencia “Beneficios, interés e inversión” y “Teoría pura del capital” en las que desarrolla de una forma más amena las teorías de Mises. (personalmente prefiero “Camino de servidumbre” de 291 páginas)

Su principio recurrente es que el individuo es anterior a la comunidad, que es creación suya, por lo que si los fines de ésta fueran superiores a los de los individuos, entonces solo los individuos que trabajen para esos mismos fines comunitarios podrán ser considerados como miembros de la comunidad. Su valor se derivará de esta membrecía y no de su calidad de ser humano. La expresión “el fin justifica los medios” es un principio que, en la ética individualista, significa la negación de la moral pero que en la ética colectivista representa la ley suprema. En su opinión el principio fundamental del liberalismo es “que para el ordenamiento de nuestros asuntos debemos hacer tanto uso como sea posible de las fuerzas espontaneas de la sociedad, y recurrir tan poco como sea posible a la coerción, es capaz de infinitas variaciones”. Y empieza negando la mayor: 

“La supuesta causa tecnológica del crecimiento de los monopolios es la superioridad de la empresa grande sobre la pequeña, debido a la superior eficiencia de los métodos modernos de producción en masa. Sin embargo, la superioridad de la gran empresa no ha sido demostrada nunca. Frecuentemente, los monopolios son producto de otros factores como los acuerdos secretos o una deliberada política gubernamental. No constituyen ninguna tendencia "necesaria" del capitalismo. Si así fuera, hubieran aparecido primero en los países de capitalismo más desarrollado. Pero no fue así.”

“El pensamiento liberal no es defensor de ningún status quo. Considera sencillamente que la mejor manera de coordinar los esfuerzos humanos es mediante la competencia. Pero para que la competencia pueda funcionar exitosamente hay que crear un marco legal bien  reflexionado. La competencia es el único método mediante el que podemos coordinar  nuestras actividades sin la intervención arbitraria de alguna autoridad. Por supuesto, el mantenimiento de la competencia es perfectamente compatible con la prohibición de usar substancias tóxicas, la limitación de las horas de trabajo o la exigencia de ciertas condiciones sanitarias. En ese sentido, el único problema es determinar si las ventajas que se consiguen son mayores que los costos sociales que imponen.

Obviamente, el funcionamiento de la competencia requiere, y depende, de condiciones que nunca pueden ser totalmente garantizadas por la empresa privada. La intervención estatal siempre es necesaria pero la planificación y la competencia sólo pueden combinarse cuando se planifica para la competencia, no en contra de ella.”

Las ideas liberales llevadas al extremo exigen, como hemos visto, que la intervención del Estado en los asuntos económicos tenga un efecto neutro sobre los mismos sin beneficiar a ninguno de los intervinientes y dejando que sea el mercado quien fije las condiciones y los precios. Por tanto, y en primer lugar, no debería fijar los tipos de interés ya que éstos representan una importante información sobre la conveniencia o no de cualquier inversión empresarial y la remuneración de ésta debe estar ligada a los riesgos de la misma. Si beneficiamos al comprador o al vendedor mediante la fijación de los tipos de interés estaremos falseando la información ofrecida por el mercado y generando nuevas burbujas financieras que acabarán explotando en forma de crisis.

Es una teoría acorde con la filosofía judeo-cristiana por lo que se adapta perfectamente a nuestro planteamiento cultural.

No obstante, dejando aparte la dificultad en conseguir un mercado verdaderamente libre de las influencias de los monopolios, tiene un punto débil en su concepción del dinero: para los teóricos liberales el dinero es sencillamente algo que sirve para cambiar por productos, e incluso para invertir, pero no lo consideran en sí como un producto que puede ser almacenado y su volumen controlado por las fuerzas dominantes de la sociedad, de forma que cuando consideren el riesgo en invertir demasiado elevado (puede ser porque prevean una deflación), el dinero abandona sencillamente el mercado dando lugar a una crisis económica que no necesariamente debe estar originada por una información errónea.

Más que una teoría económica, el Liberalismo aspira a construir un determinado tipo de sociedad (lo que, por otra parte, también desea el marxismo).

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